A MODO DE PRÓLOGO “Eso” es el verdadero significado de “Dios” en las escrituras sánscritas. “Eso” es lo que brilla de una persona, es lo que se da a ver cuando alguien sonríe, cuando mira con los ojos del alma o simplemente transmite una emoción con las letras de un escrito o con el roce de sus manos… “Eso etéreo” necesita un nombre propio para decirse, para pensarse, para nombrarse… en cuentos. Cada uno necesita adjudicarle una entidad a ese brillo que lo habita, a ese rasgo que se cuela sin-sentido anunciando lo más propio de su ser. Darle un nombre propio conlleva una paradoja: siempre es otro que lo nombra. Entonces, “Eso” puede ser “Oro” cuyo brillo constituya una guía a lo largo del camino por la vida; puede ser “un diamante sin pulir” que te insufle las ganas de encarnar el nombre de aquella canción de adolescente y te sugiera a la manera de Pink Floyd: ¡“Brilla tú, diamante loco”! O puede ser que un día “Eso etéreo” se nombre en la letra de un cuento disparatado que nos haga reír hasta las lágrimas; en una metáfora ordenadora de palabras que dicen lo indecible del amor y del dolor, de la vejez y la esperanza; o en una descripción que captura el instante eterno de la ingenuidad de un niño o el desasosiego de un padre… O en una simple esquela que toma un trozo de realidad y la transforma en una sublime picardía. “Eso etéreo” pudo no estar escrito en la bella lengua florentina del Dante pero brilla en nombre propio porque hay algo de “lo bello” que transmuta en la singularidad de Horacio Fernando Espinosa quien se atrevió a decirle al lector: “Si te gusta es bueno”… “Yo no me hago cargo”. Aquí les doy la posta: un libro de historias… Un encuentro feliz entre la realidad y la fantasía. Un eclipse de amor entre el poeta y el loco. Un acontecimiento que da a luz allí donde “Eso habla”, aunque no lo sabía… María Marta Depalma

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A MODO DE PRÓLOGO “Eso” es el verdadero significado de “Dios” en las escrituras sánscritas. “Eso” es lo que brilla de una persona, es lo que se da a ver cuando alguien sonríe, cuando mira con los ojos del alma o simplemente transmite una emoción con las letras de un escrito o con el roce de sus manos… “Eso etéreo” necesita un nombre propio para decirse, para pensarse, para nombrarse… en cuentos. Cada uno necesita adjudicarle una entidad a ese brillo que lo habita, a ese rasgo que se cuela sin-sentido anunciando lo más propio de su ser. Darle un nombre propio conlleva una paradoja: siempre es otro que lo nombra. Entonces, “Eso” puede ser “Oro” cuyo brillo constituya una guía a lo largo del camino por la vida; puede ser “un diamante sin pulir” que te insufle las ganas de encarnar el nombre de aquella canción de adolescente y te sugiera a la manera de Pink Floyd: ¡“Brilla tú, diamante loco”! O puede ser que un día “Eso etéreo” se nombre en la letra de un cuento disparatado que nos haga reír hasta las lágrimas; en una metáfora ordenadora de palabras que dicen lo indecible del amor y del dolor, de la vejez y la esperanza; o en una descripción que captura el instante eterno de la ingenuidad de un niño o el desasosiego de un padre… O en una simple esquela que toma un trozo de realidad y la transforma en una sublime picardía. “Eso etéreo” pudo no estar escrito en la bella lengua florentina del Dante pero brilla en nombre propio porque hay algo de “lo bello” que transmuta en la singularidad de Horacio Fernando Espinosa quien se atrevió a decirle al lector: “Si te gusta es bueno”… “Yo no me hago cargo”. Aquí les doy la posta: un libro de historias… Un encuentro feliz entre la realidad y la fantasía. Un eclipse de amor entre el poeta y el loco. Un acontecimiento que da a luz allí donde “Eso habla”, aunque no lo sabía… María Marta Depalma